Sin saber siempre tuve tendencia hacia los negocios. Cuando era pequeña vendía a escondidas dulces en el colegio, a quien no tenía cómo pagar, le aceptaba sus cosas en calidad de empeño. Algunas de mis clases favoritas eran música y gestión empresarial. Cuando estaba en noveno grado quise tener una exportadora de frutas, la piña, la papaya, el aguacate, entre otras, son exóticas en muchos países y en Colombia abundan.
Me gradué del colegio a los 15 años en la ciudad de Medellín. En ese momento, había pasado entre mis posibles profesiones el ser cantante, diseñadora gráfica, chef, diseñadora de modas e incluso astrónoma, esta última me entusiasmó mucho, incluso tomé un par de cursos en el Planetario de Bogotá (soy orgullosamente bogotana), a la final terminé estudiando administración de empresas en el SENA.
Rápidamente comencé con ideas de negocios, entendí por qué me gustaba tanto gestión empresarial en el colegio; una clave para encontrar ideas de negocios es prestar atención a lo que tú haces diariamente y quienes te rodean y preguntarse ¿cómo puedo mejorarlo? ¿hay alguna necesidad en común?, así que inicie un proceso en Tecnoparque del SENA, un lugar en el que ayudan a estructurar emprendimientos con base tecnológica, me ayudaron con un par de ideas que tenía, no logre avanzar mucho, pues no tenía un equipo humano técnico para hacerlo. Allí me di cuenta que no basta solo con las ideas, que un equipo de emprendimiento necesita personas que hagan frente a lo administrativo y quien haga frente a lo técnico.
He sido muy entusiasta con el emprender y vengo de una familia en la que la mayoría son independientes. Mientras desarrollaba mis prácticas, dos amigos me pidieron que les ayudara con el formato de plan de negocios, formato que entendía muy bien por mi insistencia en el emprendimiento en los 2 años anteriores. Eran mis dos mejores amigos y aunque ya no tenía ganas de ser independiente, les dije que sí, yo les ayudaría.
Su proyecto era una sala de ensayo, detectaron en su momento la necesidad porque tenían una banda de Metal y no encontraban fácilmente horarios disponibles para ensayar. Luego de un año de trabajo fuerte, de investigación, reuniones por montón, visitas a lugares, encuestas, entrevistas, análisis de competencia, análisis de la industria, revisión de estadísticas, costeo, proyecciones financieras y el apoyo indudable de 4 asesoras mujeres de la unidad de emprendimiento del SENA, nuestro proyecto estaba listo, no como una sala de ensayo, sino como una empresa que se llamaría “SABBATH STUDIO”, que buscaría ofrecer servicios integrales para los músicos de Medellín.
Con mis 18 años y mi cédula con un par de días de expedición, estábamos listos para presentarnos los tres a “Fondo Emprender”, una convocatoria nacional de emprendimiento. Fuimos afortunados beneficiarios. Con 18, 19 y 20 años, los tres estábamos cumpliendo el sueño de tener empresa, pero no en cualquier sector, era una de la industria cultural y creativa. Quedamos en primer puesto a nivel de Antioquia y allí empezó nuestra gran aventura de ser empresarios.
En el camino hemos tomado decisiones erradas, elegido malos proveedores, fracasado en estrategias a implementar, nos ha tocado empezar un par de veces desde cero y hemos recibido muchos no, pero también, nos hemos encontrado con gente maravillosa respaldando el proyecto, músicos, amigos, consejeros, nuestra familia, clientes fieles; hemos sentido la mezcla entre adrenalina y esperanza de saber si el próximo mes tendremos para pagar las cuentas, hemos visto milagros y a Dios en medio de ellos, también la alegría inmensa que se siente el lograr la meta en un proyecto y luego celebrar por eso.
Hoy tengo 26 años, en el camino he escuchado frases como “pensé que se iban a quebrar” “¿no se ha sentido desplazada por ser mujer y administrar una empresa de música?” “ ¿usted tan jovencita es la representante legal?” pero también he escuchado “¿cómo van?, han progresado mucho, son muy tesos”.
A veces creo que empecé muy joven, inexperta, pero luego veo que en mi caso ese era mi tiempo y que Dios le ha dado a Sabbath una gracia especial. A quien sea emprendedor, así sea de su vida misma, le deseo la persistencia, la esperanza y la pasión, son elementos claves para emprender.
Le dedico este Blog a mis dos socios, Andrés y Jeisson, a mi mamá por inspirarme a ser fuerte en medio de la adversidad, a mi familia por tener paciencia mientras la empresa generaba ingresos, a mis amigos emprendedores actuales y futuros, al equipo de trabajo de Sabbath, a mis asesores y a todos los que le apuestan a convertir los sueños en visión y que por medio de ellos transforman vidas.
Para conocer más de Sabbath entra a http://www.sabbath.com.co
Paola Aristizabal
Una emprendedora de la ciudad