Un Mexicoamericano descubriendo el verdadero Medellín

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Lastimosamente no puedo hacer alarde de ser trotamundos, no conozco las playas mexicanas ni estadounidenses, no conozco Nueva York ni Monterrey. No he cruzado el Atlántico ni el Pacífico, ni mucho menos he pisado territorio canadiense. Pero lo que si conozco es mi  frontera binacional. Verá usted mi estimado lector, yo le escribo desde el mismísimo desierto Chihuahuense, donde se crió Juan Gabriel y donde gritó Pancho Villa. Aquí el calor pega duro, la lluvia es escasa pero la gente es bendita. Los matorrales, los ríos secos y el clima árido dominan una gran superficie territorial. Así que usted comprenderá mi incontenible alegría cierta noche de marzo cuando al bajar del avión, fui recibido por la cordial frescura de Río Negro y un cálido saludo paisa con pintas de montaña.  

 

Fue ahí, en el tramo de autopista rumbo a Medellín que me inundo la magia del lugar. El Valle de Aburrá en todo su esplendor, luces interminables de norte a sur y un aire de hospitalidad que invita a echar raíz. Sera la fertilidad del Valle, la bondad del río, o el corazón del pueblo lo que hace de este valle algo maravilloso. Y si al leer esto le parece insignificante, le ruego no escatime la dicha de vivir en tan glorioso suelo. Sería fácil describir la extensa fauna y flora colombiana, resaltar alguna finca cafetera, o incluso exaltar lo sofisticado y lo moderno de sus áreas metropolitanas, eso sería simple. Pero lo que sí quiero recalcarle hoy hasta el cansancio es la hermosura de su gente.

 

Suele suceder que entre lo cotidiano y lo habitual perdemos sensibilidad a la maravilla humana, y nos pasa desapercibida la existencia del prójimo, el vecino y el extraño. Y a la verdad que nos pasa más seguido de lo que nos gustaría o de lo que podría tolerar nuestra mascota más querida. El egocentrismo, la tecnología, las diferencias ideológicas,  mucho contribuye a que la distancia entre el uno y el otro se ensanche cada vez más. Pero quiero recordarle que siempre habrá personas dignas de nuestra decencia y empatía en cada rincón de nuestro entorno.

 

Mire usted que en ningún lugar jamás me había sentido tan alagado por mi acento mexicano más que en Medellín. Que si el taxista, el vendedor ambulante, o la señora vendiendo empanadas todos haciendo referencia a la novela, la charrería y el folklor mexicano en general. Nunca se me preguntó por el narco, por las muertes, o la corrupción que al igual tienen fama internacional, pero no muy agradable. Siempre la charla era alegre hasta con cierta nostalgia al recordar artistas mexicanos que trascendieron fronteras y generaciones. Esta amabilidad nacía de la boca de personas que justo hace unos años atrás habían presenciado en vida las atrocidades del narcoterrorismo local. 

 

El sufrimiento ablanda o endurece el corazón, pero vaya que deja cicatrices muy profundas. La violencia y el terror suelen dejar muy pocos libres de castigo, y las consecuencias suelen ser cargadas por generaciones enteras. Por eso al regresar a mi ciudad después de mi estadía en Medellín, quise hacerles honor a todas esas amables personas que de alguna forma u otra interactuaron conmigo y revelaron la verdadera esencia de Medellín. No el Medellín negro que se pinta en las series de crimen y muerte, ni el Medellín de la coca y la amargura. Sino un Medellín nuevo y viejo que siempre había estado a la sombra del amarillismo y sensacionalismo.

 

Cada vez que la gente indaga acerca de mi viaje a Colombia, no suele faltar aquel curioso o amante del morbo que pregunta acerca de Escobar o las FARC. Aunque etapas notables en la historia de un Colombia en desarrollo, a mí me da por compartir de mi propia experiencia. A menudo platico de la cortesía de los presos de Bellavista y de lo maravilloso que es la cumbre del peñol. Cada que me preguntan de polvos y estimulantes, les platico del sabroso café y de la extensa selección de fruta fresca. En cada bella comuna y en sus alrededores, Medellín alberga una amalgama hermosa de gente valiente de valor incalculable, gente que perdura y permanece, quienes a pesar de años de oprobio y oscuridad hoy sonríen a la vida en hermandad un día a la vez.

 

Jona Escobedo
Mexicoamericano
jescobedo5@outlook.com

Sabbath on the Road es un proyecto de comunicación perteneciente a Sabbath Studio

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