Una banda de la familia Sabbath

Nunca tuvimos tanta independencia para desarrollar las iniciativas de nuestra imaginación como hoy. Pero somos exclusivamente nosotros quienes corremos los riesgos materiales y emocionales en lo que emprendamos para sostener nuestra vida.
Como individuos pasamos a encarar sin reservas el mar de oportunidades y peligros que reviste participar del mercado; adoptamos mentalidades de competencia y supervivencia en una vorágine cada día más hostil e inestable; no importa lo que hagamos, estamos a igual distancia de ganarlo todo que de perderlo todo.
Hablar de economía neoliberal es hablar de un sistema económico y político que, lejos de sernos indiferente, influye tanto en nuestra supervivencia como en los modos como nos relacionamos y nos pensamos, como entendemos lo que somos y lo creemos que debemos llegar a ser.
Pareciera que “ser emprendedor” fuera el ideal de ser en nuestra época. En “Emprender: un futuro naranja” el Banco Mundial pone las esperanzas en las industrias culturales y creativas para la generación de prosperidad en nuestro continente, pues contribuyen al 2,2% del PIB de Latinoamérica y El Caribe. Los medios, los gobiernos y políticas internacionales sobre el emprendimiento lo hacen ver como una panacea para solventar tanto la crisis económica como la de sentido vital de la gente ¿Por qué es importante saber esto? Simplemente porque es este el entorno habitado por el artista, así llamado productor o emprendedor cultural.
Mi experiencia no es la misma que todos, pero hay elementos en común. Como unos, siento permanentemente la compulsión a crear de la que habla Fito Páez en Canción sobre Canción (“volver a caminar sobre el hilo pentagrama, seguir desarrollando, querer encender el fuego”) y vivir tras los escenarios, tratando siempre de entender un poco. Comunicando esa búsqueda expresiva personal y compartiendo goces no posibles de otra manera. Y como otros, eso contrasta con emplear una parte significativa del tiempo en subsistir y formarme para hacer de la música algo sostenible.

Es mentira que como músico vas a conseguir trabajo de ocho a seis hasta jubilarte. Y es mejor que así sea. Esa era la promesa de porvenir que conoció la generación anterior. Hoy, más que disponibles parecen obligatorios todos esos saberes que hay que adquirir y que, al menos en teoría, te harán prosperar: hacerte líder, escuchar al mercado, manejar tus finanzas, tus comunicaciones, publicitarte, posicionarte, eficientizar tus procesos, hacer una proyección estratégica a uno, dos, tres años. Ser competitivo. ¿Qué tiene que ver con el camino introspectivo y expresivo de las artes?
Las personas cada vez más se abocan a estos recursos guiados por la promesa de independencia creativa y libertad financiera, promesa sólida para algunos, efímera para otros, de convertir nuestros sueños en algo sostenible, sin importar qué o a quienes perdamos en el camino. Y el tiempo de los artistas se debate entre su perfeccionamiento expresivo y su inserción en el mercado, que significa poder acceder a esa promesa. Pero es eso, una promesa. Una posibilidad. Intangible, impredecible, todo lo sólido se desvanece en el aire.
La asociatividad nos salva. Disminuye riesgos, aumenta beneficios, potencializa lo que se puede lograr, pero más importante, genera redes de apoyo social entre artistas. No se trata sólo de ser sólo competitivo, sino también asociativo.
Piensa en la competencia por sí sola: ¿Sirve de algo en un mundo de todos contra todos, en un mundo en que siempre estamos solos? Sobrevalorar la competitividad en muchos sectores supone una ruptura del tejido social basada en la búsqueda de una ventaja útil para la derrota del otro, y es algo que los actores culturales en su papel promotor de convivencia no deberían permitirse.
Relacionarse con otros en el entorno cultural se facilita cuando reconoces que la persona que tienes frente a ti no sólo comparte contigo la inestabilidad e incertidumbre de la vida misma en un mundo de mercantilismo neoliberal, sino que también hace la misma apuesta arriesgada por sus sueños que tú cuando tomas la decisión de vivir de la música, sin garantías ni paracaídas. Las ventajas de asociarse, que son muchas, pasan a un segundo plano al reconocer el valor intrínseco de las otras personas.
Mi punto no es rechazar todo ese discurso sobre el emprendimiento. Es mejor que se adopten las herramientas y los conocimientos, pero que eso no nos haga inconscientes. No nos haga olvidar cuán importante son los vínculos con los demás por encima de la competitividad; no importa si tus finanzas están en orden, lo importante es el mensaje, entretener, hacer sentir, tocar vidas, el fuego; no olvidar que hacer arte significa generar conciencia en una sociedad cada vez menos consciente.
El pasado 22 de septiembre estuvimos participando con dos bandas de nuestra familia en el primer festival Zona Joven, en el parque de la Floresta.
En esta oportunidad representando a nuestra familia Sabbath, nos acompañaron Buena Vibra y School MC, dos muy buenas bandas de reggae, fieles a nuestra casa.
El día fue perfecto, tuvimos teatro a cargo de la Fundación Tenarco, presentaciones de baile de los colectivos; baile contemporáneo y show dance , batalla de freestyle con Cuatro Barras y sus gallos, circo callejero con Cirko Libertario y presentaciones musicales con Buena Vibra, Real Feeling, La furruska, School MC, Empíricos, Oigan a este, The Fisheral Sound Proyect y Dados d’ Alta. Una fiesta que duró hasta pasada la medianoche.

¿ Cómo se consigue crear un evento con 1.700 espectadores?
Trabajando unidos, este sueño fue posible gracias a Cristian Rivera, director de proyectos de la Corporación Ciudad para todos quien sueña hacer de este festival, un evento de ciudad, creado desde la zona 4 (comunas 11,12 y 13 de Medellín) para la ciudad. Cuando supimos de este proyecto, quisimos participar y nos alegra contribuir para continuar con el festival anualmente, trabajando de la mano de otros colectivos culturales.
Te dejamos un video de lo vivido durante este evento.
Y nuestro agradecimiento a todos los colectivos y organizaciones que lo hicieron posible.
Ciudad para todos, Clubes juveniles, Empíricos, Dados de alta, Cirko libertario, Secretaria de la juventud, Biblioteca de la floresta, EDU, Ryder DJ, Pasion juvenil + Judá, Patio verde, Baile contemporáneo, Centro Psique, Fundación, Teatral Tenarco, Oigan a Este, Cooperativa de ahorro y crédito Confiar, Área metropolitana, Alcaldía de Medellín.
En Colombia hasta hace unos pocos años el café se consideró sólo como un commodity y aun es comercializado por grandes marcas como un pedazo de carbón tostado para ocultar sus defectos y poder ser vendido. Pero sin duda el café es más que eso y es aún más que una simple bebida, el café es una experiencia y cada taza puede contar una historia, es por eso que muchos estamos dispuestos y en gran manera felices por pagar más cuando nos sirven una taza de café. ¿pero porque estamos dispuestos a hacerlo? Pues bien, en primer lugar porque hemos puesto más atención acerca de la procedencia de cada taza y de cómo ha sido producida, de modo que hoy día somos concientes sobre el trabajo duro de los productores (campesinos) para sacar adelante un cultivo, esa conciencia ha llevado a que marcas de café que buscan cafés de origen y especiales hagan programas en beneficio de los productores, por ejemplo, rituales un café ubicado en el barrio laureles cuenta con una micro central de beneficio en el barrio la Sierra que permite que los productores ahorren costos y tiempo que pueden invertir en otras actividades y así, han procurado dignificar no sólo la labor de producir café sino de mejorar la calidad de vida de familias enteras.
En segundo lugar porque hemos descubierto formas de preparación innovadoras y métodos con diseños originales que mejoran nuestra experiencia al tomar café, variables como el tiempo y la temperatura son especialmente cuidadas por un barista cuya intención es resaltar los sabores propios del café por las cuales los productores trabajaron tanto; es una cadena amigable donde unos cuidan la labor del otro.
Entonces, alrededor del café hablamos de un vínculo entre tradición familiar y el mundo moderno, en donde la tradición nos cuenta una historia por cada caficultor y en donde lo moderno nos vuelve más atractiva la historia y la convierte en experiencia. Pero no termina aquí, otro factor por el cual apreciamos el café es por el entendimiento del mismo, nos hemos educado para entender su sabor, color y aroma, de modo que nos hemos reconocido en sabores, descubriendo una cultura que gira en torno al café y que empieza en las más de 563.000 familias cafeteras del país, comprendiendo una red social con gran diversidad, comunidades indígenas y afro-descendientes, esta cultura cafetera llega a nuestro día a día donde realizamos nuestras actividades sociales alrededor de una taza de café.
El café se adapta en función de diferentes contextos, nos acompaña en la charla con el amigo, en la reunión familiar o en el trabajo y ya no solo tenemos la historia del origen que nos estamos tomando, también tenemos nuestras historias.
Así es como hoy día muchos vemos el valor del café no en función del precio, sino por las manos que lo cultivaron, por las personas que lo transforman y por la forma en la que nos los entregan, el café es un mundo por descubrir y aunque suene muy romantico asi es, necesita ser estudiado, necesita contar su historia, necesita que usted lo vea como más que una bebida.
Recomendación: Visite una de estas tiendas y mientras le sirven su taza de café pida que le cuenten de dónde viene.
Yessica Puerta
Community Manager en Sabbath
Según la historia, la radio pública tomó gran importancia después del desafortunado suceso del Titanic, pues se dice que desde ésta embarcación se intentaron comunicar durante tres días con otros barcos cercanos y con los puertos, pero no tuvieron una pronta respuesta. Esto llamó la atención y se buscó la manera de conseguir una comunicación mucho más eficiente. Así pues, logró una gran fuerza en los años 20, poniendo nerviosa a la prensa. Fue tanto el impacto y alcance que tuvo que finalmente se fusionaron las noticias de la prensa con la radio pública. Esto les permitió a muchas personas tener acceso a la información, ya que muchos no sabían leer, o la prensa no llegaba a todo rincón.
Luego vino la Televisión a poner en duda la permanencia de la radio, pero sus características son tan diferentes y se consume de una manera tan particular, que logró sobrevivir.
Ahora, el internet. Hay quienes piensan que podría acabar con la prensa, la radio o hasta la televisión. Sin embargo hemos sido testigos del poder que ésta le ha dado a los medios. En vez de acabar, ha permitido la democratización de la comunicación y por supuesto ha puesto a pensar a los medios, de qué manera se puede sacar provecho de las fusiones que permite la tecnología. ¿Qué será lo que viene ahora?

La radio pública y comercial, ha conseguido instalarse en muchos lugares a través de las múltiples plataformas. Por supuesto van surgiendo nuevas alternativas para escuchar música, y hay grandes adeptos a otras opciones que les permite tener el control de decisión para elegir qué escuchar. Sin embargo hay quienes extrañan la compañía del locutor, o los programas especiales de la radio. Actualmente las emisoras más comerciales se han transportado también a la web, sin embargo hay tantas propuestas de web-radio que parece imposible no encontrar algo de agrado. Aunque parece generacional, el tema de quien escucha radio o no, nos podría sorprender al encontrar gran cantidad de personas jóvenes que siguen fieles a las emisoras radiales, y por supuesto en muchos lugares donde el acceso al internet o a la tecnología no permite tener otras alternativas. De esta manera a la radio le queda mucho tiempo de vida, de buen contenido, de buena música y por supuesto de buenos oyentes.
Nos anima pensar en la radio, es por eso que en el Colectivo Juvenil muy pronto estará en complicidad con esto y vendrán muchas sorpresas. ¡Atentos porque estaremos anunciando!
Cuéntanos qué contenido cultural te gustaría escuchar.
Sin saber siempre tuve tendencia hacia los negocios. Cuando era pequeña vendía a escondidas dulces en el colegio, a quien no tenía cómo pagar, le aceptaba sus cosas en calidad de empeño. Algunas de mis clases favoritas eran música y gestión empresarial. Cuando estaba en noveno grado quise tener una exportadora de frutas, la piña, la papaya, el aguacate, entre otras, son exóticas en muchos países y en Colombia abundan.
Me gradué del colegio a los 15 años en la ciudad de Medellín. En ese momento, había pasado entre mis posibles profesiones el ser cantante, diseñadora gráfica, chef, diseñadora de modas e incluso astrónoma, esta última me entusiasmó mucho, incluso tomé un par de cursos en el Planetario de Bogotá (soy orgullosamente bogotana), a la final terminé estudiando administración de empresas en el SENA.
Rápidamente comencé con ideas de negocios, entendí por qué me gustaba tanto gestión empresarial en el colegio; una clave para encontrar ideas de negocios es prestar atención a lo que tú haces diariamente y quienes te rodean y preguntarse ¿cómo puedo mejorarlo? ¿hay alguna necesidad en común?, así que inicie un proceso en Tecnoparque del SENA, un lugar en el que ayudan a estructurar emprendimientos con base tecnológica, me ayudaron con un par de ideas que tenía, no logre avanzar mucho, pues no tenía un equipo humano técnico para hacerlo. Allí me di cuenta que no basta solo con las ideas, que un equipo de emprendimiento necesita personas que hagan frente a lo administrativo y quien haga frente a lo técnico.
He sido muy entusiasta con el emprender y vengo de una familia en la que la mayoría son independientes. Mientras desarrollaba mis prácticas, dos amigos me pidieron que les ayudara con el formato de plan de negocios, formato que entendía muy bien por mi insistencia en el emprendimiento en los 2 años anteriores. Eran mis dos mejores amigos y aunque ya no tenía ganas de ser independiente, les dije que sí, yo les ayudaría.
Su proyecto era una sala de ensayo, detectaron en su momento la necesidad porque tenían una banda de Metal y no encontraban fácilmente horarios disponibles para ensayar. Luego de un año de trabajo fuerte, de investigación, reuniones por montón, visitas a lugares, encuestas, entrevistas, análisis de competencia, análisis de la industria, revisión de estadísticas, costeo, proyecciones financieras y el apoyo indudable de 4 asesoras mujeres de la unidad de emprendimiento del SENA, nuestro proyecto estaba listo, no como una sala de ensayo, sino como una empresa que se llamaría “SABBATH STUDIO”, que buscaría ofrecer servicios integrales para los músicos de Medellín.
Con mis 18 años y mi cédula con un par de días de expedición, estábamos listos para presentarnos los tres a “Fondo Emprender”, una convocatoria nacional de emprendimiento. Fuimos afortunados beneficiarios. Con 18, 19 y 20 años, los tres estábamos cumpliendo el sueño de tener empresa, pero no en cualquier sector, era una de la industria cultural y creativa. Quedamos en primer puesto a nivel de Antioquia y allí empezó nuestra gran aventura de ser empresarios.
En el camino hemos tomado decisiones erradas, elegido malos proveedores, fracasado en estrategias a implementar, nos ha tocado empezar un par de veces desde cero y hemos recibido muchos no, pero también, nos hemos encontrado con gente maravillosa respaldando el proyecto, músicos, amigos, consejeros, nuestra familia, clientes fieles; hemos sentido la mezcla entre adrenalina y esperanza de saber si el próximo mes tendremos para pagar las cuentas, hemos visto milagros y a Dios en medio de ellos, también la alegría inmensa que se siente el lograr la meta en un proyecto y luego celebrar por eso.
Hoy tengo 26 años, en el camino he escuchado frases como “pensé que se iban a quebrar” “¿no se ha sentido desplazada por ser mujer y administrar una empresa de música?” “ ¿usted tan jovencita es la representante legal?” pero también he escuchado “¿cómo van?, han progresado mucho, son muy tesos”.
A veces creo que empecé muy joven, inexperta, pero luego veo que en mi caso ese era mi tiempo y que Dios le ha dado a Sabbath una gracia especial. A quien sea emprendedor, así sea de su vida misma, le deseo la persistencia, la esperanza y la pasión, son elementos claves para emprender.
Le dedico este Blog a mis dos socios, Andrés y Jeisson, a mi mamá por inspirarme a ser fuerte en medio de la adversidad, a mi familia por tener paciencia mientras la empresa generaba ingresos, a mis amigos emprendedores actuales y futuros, al equipo de trabajo de Sabbath, a mis asesores y a todos los que le apuestan a convertir los sueños en visión y que por medio de ellos transforman vidas.
Para conocer más de Sabbath entra a http://www.sabbath.com.co
Cada vez la tecnología nos facilita más la vida, y no es la excepción para los músicos. Actualmente hay varias apps que solucionan diferentes necesidades para quienes se dedican a la música.
Según apunta el periódico El Colombiano “En el primer semestre del año se despacharon 689 millones de teléfonos inteligentes. Si dividimos esa cantidad en la mitad de días que tiene el 2017, podría decirse que en el mundo se compran 3,7 millones de teléfonos inteligentes al día; y si traemos ese número de equipos a Suramérica es posible darle uno a cada habitante, y hasta sobran.” La posibilidad que tengas un teléfono inteligente con funciones multimedia es muy posible, así que queremos compartir una selección de apps que definitivamente debes tener en tu celular, si eres músico amateur o profesional.
Cuando no tienes tu instrumento al lado pero sientes que necesitas practicar pronto una idea que tienes en mente o simplemente como entretenimiento, estás apps serán muy útiles según tu necesidad:
Para estudiar:
Para entrenar la Voz y el oído:
Instrumentos:
Para todos aquellos que necesitan controlar perfectamente el tiempo y no tienen a la mano un metrónomo, esta es una buena opción:
Para solucionar las ocasiones donde no tienes tu afinador a la mano, existen varias opciones fiables:
Composición:
Ayuda con partituras:
Esta es una recopilación de algunas aplicaciones que se han dado a conocer por su calidad, de las cuales otras personas hablan muy bien y esperamos que sean útiles para ti. ¿Qué app crees que nos falta incluir?
Tienes cientos de razones por las cuales quieres hacer un videoclip musical. Con o sin intención aprendiste que la música tiene su contraparte audiovisual, así hayas crecido en la época de MTV o de Youtube. Algunos critican que la cultura del videoclip ha desviado la atención de lo esencial, la música, hacia la superficialidad de la imagen.
En contraste, otros piensan que el encuentro entre la creación musical y la producción audiovisual enriquece las formas de crear, experimentar y vivir la música, llevándolas a terrenos artísticos antes insospechados.
A riesgo de pecar por simplistas, un video musical sirve para dos cosas:
Primero, promocionar tu música. Expertos de Cd Baby afirman que el videoclip es indispensable para promocionar un trabajo musical. Los vídeos son entretenidos, a todos les gustan, y contribuyen a incrementar el consumo de virtualmente cualquier cosa. Además de eso ¿ya consideraste tus ganancias si tu video consigue hacerse viral en Youtube?
Segundo, consolidar tu identidad artística y transmitir claramente el mensaje que tu música representa: puedes contar historias, mostrar shows en vivo, generar engagement en las redes y lo más importante, decir quién eres. Y señalarlo no está de más, existen videos musicales que son verdaderas obras de arte.
Puede que tarde o temprano sientas que ya es tiempo de realizar tu primer videoclip. Y lo más normal es que para ese momento tus recursos sean limitados. Queremos mostrarte que pueden lograrse resultados muy interesantes con recursividad, creatividad y una buena planificación. A continuación te mostramos tres ejemplos de buenos videoclips hechos con una cantidad mínima de recursos.

Este fue el primer video de la banda Isla de Gosper de Medellín. Las letras de esta banda se caracterizan por sus alusiones al malestar del individuo en la ciudad. El vídeo cuenta la historia una niña que sueña con ser astronauta y no tiene más opción que construir un transbordador y viajar por las calles hasta encontrar la luna, representando como trasfondo nuestros sueños cercenados por la vida urbana.
El rodaje duró 3 días y tuvo un costo aproximado de $200mil pesos colombianos, invertidos en transportes, refrigerios y materiales para el transbordador. Seleccionar locaciones cercanas contribuyó a acelerar el proceso. La grabación y edición la realizaron estudiantes de la Universidad de Medellín, y se utilizó el stop motion en la mayor parte de la producción.

No fue el primer videoclip de Coldplay, pero indiscutiblemente fue el más económico. El rodaje fue completamente distinto a la idea inicial, ya que el baterista de la banda se encontraba en el funeral de su madre y no pudo asistir.
El video muestra a Chris Martin avanzando hacia la cámara y cantando “Yellow” sobre la arena de Studland Bay en el sureste de Inglaterra, grabado en una única toma sin cortes. La postproducción se limitó a un efecto de velocidad-fotograma y a retoques de color.

Probablemente el mejor método para una buena relación costo-beneficio al hacer un vídeo es tener una idea lo más clara posible ¿Qué tal una historia como eje temático? En el mejor de los casos, que complementa el concepto de tu canción.
Esta banda bogotana dramatiza su interpretación de una pelea callejera, valiéndose de movimientos de cámara vertiginosos, breakdance y objetos que se pueden encontrar en cualquier casa como una máscara, un palo y lo más rockero que haya en tu guardarropa. Usar una única localización reduce significativamente los tiempos y gastos de desplazamiento, ten esto en cuenta.
El resultado: un video entretenido, curioso y con un appeal rudo y profesional.
Como puedes ver, un buen video musical no tiene que salirte por un ojo de la cara. Sólo no pierdas el enfoque: entretener. Y para esto, ser original, creativo, recursivo, consecuente con tu imagen y prestar especial atención a la planificación.
¿Qué te parece el resultado? ¿Qué has pensado para tu vídeo? Escríbelo en la caja de comentarios y deja tu contacto, te podríamos ayudar.
Lastimosamente no puedo hacer alarde de ser trotamundos, no conozco las playas mexicanas ni estadounidenses, no conozco Nueva York ni Monterrey. No he cruzado el Atlántico ni el Pacífico, ni mucho menos he pisado territorio canadiense. Pero lo que si conozco es mi frontera binacional. Verá usted mi estimado lector, yo le escribo desde el mismísimo desierto Chihuahuense, donde se crió Juan Gabriel y donde gritó Pancho Villa. Aquí el calor pega duro, la lluvia es escasa pero la gente es bendita. Los matorrales, los ríos secos y el clima árido dominan una gran superficie territorial. Así que usted comprenderá mi incontenible alegría cierta noche de marzo cuando al bajar del avión, fui recibido por la cordial frescura de Río Negro y un cálido saludo paisa con pintas de montaña.
Fue ahí, en el tramo de autopista rumbo a Medellín que me inundo la magia del lugar. El Valle de Aburrá en todo su esplendor, luces interminables de norte a sur y un aire de hospitalidad que invita a echar raíz. Sera la fertilidad del Valle, la bondad del río, o el corazón del pueblo lo que hace de este valle algo maravilloso. Y si al leer esto le parece insignificante, le ruego no escatime la dicha de vivir en tan glorioso suelo. Sería fácil describir la extensa fauna y flora colombiana, resaltar alguna finca cafetera, o incluso exaltar lo sofisticado y lo moderno de sus áreas metropolitanas, eso sería simple. Pero lo que sí quiero recalcarle hoy hasta el cansancio es la hermosura de su gente.
Suele suceder que entre lo cotidiano y lo habitual perdemos sensibilidad a la maravilla humana, y nos pasa desapercibida la existencia del prójimo, el vecino y el extraño. Y a la verdad que nos pasa más seguido de lo que nos gustaría o de lo que podría tolerar nuestra mascota más querida. El egocentrismo, la tecnología, las diferencias ideológicas, mucho contribuye a que la distancia entre el uno y el otro se ensanche cada vez más. Pero quiero recordarle que siempre habrá personas dignas de nuestra decencia y empatía en cada rincón de nuestro entorno.
Mire usted que en ningún lugar jamás me había sentido tan alagado por mi acento mexicano más que en Medellín. Que si el taxista, el vendedor ambulante, o la señora vendiendo empanadas todos haciendo referencia a la novela, la charrería y el folklor mexicano en general. Nunca se me preguntó por el narco, por las muertes, o la corrupción que al igual tienen fama internacional, pero no muy agradable. Siempre la charla era alegre hasta con cierta nostalgia al recordar artistas mexicanos que trascendieron fronteras y generaciones. Esta amabilidad nacía de la boca de personas que justo hace unos años atrás habían presenciado en vida las atrocidades del narcoterrorismo local.
El sufrimiento ablanda o endurece el corazón, pero vaya que deja cicatrices muy profundas. La violencia y el terror suelen dejar muy pocos libres de castigo, y las consecuencias suelen ser cargadas por generaciones enteras. Por eso al regresar a mi ciudad después de mi estadía en Medellín, quise hacerles honor a todas esas amables personas que de alguna forma u otra interactuaron conmigo y revelaron la verdadera esencia de Medellín. No el Medellín negro que se pinta en las series de crimen y muerte, ni el Medellín de la coca y la amargura. Sino un Medellín nuevo y viejo que siempre había estado a la sombra del amarillismo y sensacionalismo.
Cada vez que la gente indaga acerca de mi viaje a Colombia, no suele faltar aquel curioso o amante del morbo que pregunta acerca de Escobar o las FARC. Aunque etapas notables en la historia de un Colombia en desarrollo, a mí me da por compartir de mi propia experiencia. A menudo platico de la cortesía de los presos de Bellavista y de lo maravilloso que es la cumbre del peñol. Cada que me preguntan de polvos y estimulantes, les platico del sabroso café y de la extensa selección de fruta fresca. En cada bella comuna y en sus alrededores, Medellín alberga una amalgama hermosa de gente valiente de valor incalculable, gente que perdura y permanece, quienes a pesar de años de oprobio y oscuridad hoy sonríen a la vida en hermandad un día a la vez.
Siempre me ha llamado la atención ese lugar común de iniciar un texto haciendo referencia a la Antigua Grecia, pero cómo no dejarse llevar por esa tentación, si desde hace 3000 años hemos cambiado todo y aún así seguimos siendo los mismos. Tal es el caso del Ágora de Atenas, ese espacio abierto que funcionaba como centro cultural, donde los ciudadanos atenienses ejercían el diálogo y con él su libertad y visión de mundo. Hoy el Ágora de Atenas tiene una efe blanca y fondo azul en su entrada, 1.13 mil millones de usuarios activos a diario y para cruzar sus puertas sólo se necesita un correo electrónico, una contraseña y un click. Todos están invitados al Ágora moderno y todos, desde hace un buen tiempo, no van a él: están en él.
Están los que quieren darle con fuerza bruta – sobre todo bruta- al teclado y con esto cambiar el mundo. Los que nos exponen su punto de vista definitivo y esclarecedor acerca del aborto, matrimonio igualitario, feminismo, resurrección, reencarnación o simplemente si la pizza debe llevar piña o no. Están los empedernidos en ponernos a dar gracias por vida con frasecitas motivacionales de segunda, filosofía barata, psicología de anaquel en la venta de cachivaches del chino. Están los que quiere reventarnos a carcajadas con “dice mi mamá que no se queje de la resaca, que ayer no se quejaba del aguardiente“, con la niñita morena manos a la cintura; o el meme ingenioso que me pone a decir con culpa “a mí me pasa eso“. Están los húmedos, bailarines, peligrosos y anencefálicos challenges. Están los pectorales caramelo, los bíceps fantasía, los abdómenes marcados – con la respectiva rutina de ejercicios y suplementos nutricionales-. Están las nalgas con uno, diez, mil, millones de likes – las mismas nalgas, diferentes fotos, millones de likes-. Están los enamorados y sus besos fotogénicos. Los almuerzos en la mesa y el registro gráfico de la pérdida paulatina de grasa corporal de la que ahora está muy guapa; o en su defecto, los que no cumplieron la meta y decidieron publicar el postre justo antes de dormir. Están los que quiere decirlo todo sin decir nada – ninjas de la indirecta-, o los que los dicen todo sin pensarlo – los suicidas del abecedario-. Están los tristes intentando vendernos a precio de estudiante su felicidad y los felices que apenas pasan a dejar un discreto Me gusta. Están los comerciales de productos que no sé comprar, que no sé para qué sirven, no sé quién me los ofrece o por qué me los ofrece precisamente a mí; algoritmos caprichosos, supongo. Están los grupos de algunas actividades extracurriculares que quedaron olvidadas en la memoria: el partido con los amigos del trabajo, babyshower de mi prima o la sorpresa para Doña Eudiges porque se pensiona el viernes. Están las ex eliminadas y las fotos de la fiesta donde algún cabrón anacrónico no dejaban de gritar “¡foto pal face, foto pal face!”.
En el Facebook está el asesino, el pedófilo, el racista y el misógino buscando la aprobación de otros asesinos, pedófilos, racistas y misóginos. Pero también está la madre extrañando al hijo, los amigos reencontrándose después de toda una vida de distancias, los datos curiosos acerca de las hormigas, las gaviotas o el fin del mundo. Están, por supuesto, los gatos, millones de gatos. Y el medio de comunicación viéndonos la cara de idiotas con noticias falsas, noticias pagadas, noticias tóxicas, noticias de Beyoncé, Messi, Donald Trump, el portero del Real Madrid o el nuevo delantero de la Juventus.
En este ágora virtual (2000 años d. C) hay de todo (y todo quiere decir de “todo”, con hipervínculo al universo), suceden las cosas, se pasan las horas y algunos dicen que está muriendo; mientras tanto, en esta plataforma agonizante yo deslizo el dedo de abajo hacia arriba y me detengo atento… no, no, no, atento no; idiotizado… en un video: 20 segundos, una rata sueña con violines.